“I have to go somewhere now. I don’t think I can come back.
I just wanted you to know, just gettin’ to be around you, that was the best that ever happened to me.”

Drive, a mi juicio la mejor película del año pasado, a pesar de encontrarse con diversos handicaps como tener tan sólo 196 copias frente a las 406 de Sherlock Holmes y por lo que alguno consideró publicidad engañosa de su trailer e incluso ha demandado recientemente (hay quien esperaba Fast of The Furious y se encontró de bruces con la poética densa y silenciosa de este film). Ha tenido gran aceptación en festivales y fue conducido por un tal Nicolas Winding Refn, a cargo del remake de La fuga de Logan e interesado en Wonderwoman.

Quizá lo que yo resaltaría de la película es la madurez actoral de un Ryan Gosling (El diario de NoaEl creyente) protagonista que no tiene nombre. Nos evoca a los personajes justicieros de Clint Eastwood, que no tenían nombre (como en Infierno de Cobardes) o si acaso respondían a algún apodo (como mucho Joel, Rubio). Este personaje, The Driver, es mecánico de profesión, especialista de cine y conductor de riesgo cuando se le presenta la oportunidad. y también resaltaría su relación con Irene (una Carey Mulligan también en uno de los papeles más conseguidos de su carrera, quizá a la par con Shame y ahora a la espera de El Gran Gatsby). En general, las escasas tres líneas de guión que sustenta el personaje de The Driverno lo relega a un segundo plano en pos del texto que los secundarios tienen, si no que su puesta en escena y su brutal pasión en silencio ante la cámara lo convierten en un personaje ejecutante y no descriptivo o discursivo. Y eso lo extrapola a todos los aspectos de su vida (en su relación con la mafia, con Standard, el marido de su amada, con su partener Shannon…)

Y si la densidad poética de la interpretación de Gosling da para mucho, a mi, por una vez, me gustaría centrarme en la relación amorosa. Yo la definiría como aquella en la que toda mujer se gustaría ver embarcada. ¿Por qué? Porque se siente protegida, atendida y amada desde la distancia del silencio. El personaje del ejecutante actúa como Ángel de la Guarda sin pedir nada a cambio, desde la admiración y el respeto profundos. Y la mezcla del tímido mecánico que no es capaz de articular palabra en tu coche con el tío que te empotra en un ascensor mientras, segundos después, mata a vuestro mayor enemigo no tiene precio. Y de ahí su frase final: “He de irme. No sé si podré volver. Lo único que sé es que lo mejor que me ha pasado es poder estar a tu alrededor”.

Además de recomendable como film, recomendable como mi sentimiento de repudia profunda hacia el amor entendido como posesión humana y obsesión que ya inicié en mi crítica de Anticristo de Lars Von Trier (2009). Más Drivers y menos Heathcliffs, por favor.

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drive

July 3, 2012

drive

“Un hombre que hace ésto después de 30 años de matrimonio como el primer día, no está deprimido.

Querido, confundes depresión con aburrimiento”: Jane (Frances McDormand)

Cuatro años después del estreno de “Il Divo”, sátira mordaz sobre la vida del senador vitalicio Giulio Andreotti, el director Paolo Sorrentino, parece cambiar de tercio.

Esta pequeña obra basada en la biografía de una estrella de rock decadente, difícil de encuadrar en un género concreto, se erigió inicialmente como un biopic de Robert Smith, líder de The Cure. La gótica caracterización de Sean Penn acabó mostrando ser un homenaje a la música de David Byrne, quien compone, actúa y da título a la película “This must be the place”.

El guión está lejos de ser un guión sencillo, pues comienza siendo durante la primera media hora una presentación sobre todo de temática y personajes secundarios bastante arquetípicos pero que funcionan en su contraposición con el otro (los adolescentes suicidas, la hija siniestra, la mujer masculina y bombera de Cheyenne que le aporta la seguridad y energía vital de la que él carece), para después convertirse en una suerte de Road Movie que encierra drama, musical, comedia y atisbos de cine político.

Cheyenne, antigua estrella del rock gótico de ascendencia judía, a quién su padre no soportaba ya desde adolescente por “pintarse los ojos como lo hago ahora”, es un niño encerrado en un cuerpo de rockero cincuentón. Magníficamente interpretado por un Sean Penn (al que por supuesto hay que ver en versión original, ya que el juego que hace con su voz es sencillamente genial), está anclado en un pasado del que no logra salir. Lleva una vida aparentemente normal con su compañera de viaje, una bombera (una potentísima Frances McDormand) es su único nexo de unión con la realidad que él repudia. Hasta que la noticia de la muerte de su padre, un judío superviviente de Auschwitz con el que hacía más de 30 años que no hablaba. Esto supone un punto de inflexión y le lleva a realizar un viaje hacia el centro de sí mismo y sus raíces, buscando al nazi que humilló a su padre.

La trayectoria del film, a pesar de sus altibajos, engancha bastante, sobre todo para todos aquellos que encerramos un pequeño niño melancólico que a veces sale y repudia la consecución de una vida que aparentemente definimos como “normal”. Muy recomendable.

La precariedad de la producción cinematográfica española es la falta de una industria sólida, a la sazón de otras cinematografías mundiales, que no desarrolla una actividad continuada, sino que es una especie de casino en el que todos juegan y ganan siempre los que más apuestan, luchando siempre por filmes aislados, buscado financiación para ese proyecto en concreto. Hay productoras que se abren para un proyecto y nunca vuelven a hacer nada. Esa focalización de fuerzas en un único proyecto les impide realizar un buen plan de comercialización, que era lo que antes hablábamos como necesario y básico para el mantenimiento de la industria cinematográfica.

Por supuesto, en este país, el amplio activo de empresas dedicadas a la producción cinematográfica no quiere hacerse cargo del problema, sino que se lavan las manos acusando a las distribuidoras multinacionales de acotar la cuota de mercado nacional en pos de la internacional. Es un acusación fácil, para no ver los problemas de raíz, como ya apuntaba el consejero delegado de la distribuidora Lauren Films, Antonio Llorens: “Y es que los productores españoles, cuando tienen una buena película, la ponen directamente en manos de las distribuidoras multinacionales de Estados Unidos”1. La propuesta es, por tanto, construir un entramado productivo y de distribución autóctono que responda a los intereses de la cinematografía española y del potencial público español. Incluso debería atenderse a la exhibición, que ya últimamente está también en manos de multinacionales que exhiben películas españolas, que se ven en la obligación de exhibirlas por el programa MEDIA y otras medidas tomadas. Se debería reflexionar sobre ello y, sobre todo, crear una verdadera industria que cree productos potencialmente fuertes y con una comercialización que se haga eco en toda la superficie del terreno español.

1 García, Ernesto (2000): “Entrevista con Antonio Llorens”, El Periódico del Festival de la 4ª Primavera Cinematográfica de Lorca, Lorca, p. 26.

Hoy asistí a una pequeña muestra de actores amateur, en Nudo Teatro, una sala de teatro en la castiza Calle la Palma, rodeada de los más conocidos bares de la marcha madrileña. Mi indecencia al llegar un cuarto de hora tarde me impidió quedarme con el título de la obra, pero mi decencia sí con la esencia.

(I can´t get no) Satisfaction. Resuena una y otra vez en los cambios que resultan ser hilos conectores entre una escena y otra. Satisfacción, esa gran desconocida. Esa a la que, como seres humanos, nunca podremos llegar. Al menos a la satisfacción absoluta. Quién diga que sí, miente.

Uno de los actores apela directamente al público: “¿Está usted plenamente satisfecho con su vida? Él responde: “Sí, plenamente”, en una aseveración que parece no titubear ni por un segundo. Miente. Descabelladamente.

Recordemos el concepto de satisfacción. Además del término mercadotécnico, nosotros intentamos encontrar la satisfacción humana, basada en aquel estado de la mente adquirido por la retroalimentación positiva extrema, es decir, donde las diferentes regiones de la mente compensan su potencial energético, llegando a la sensación de plenitud e inapetencia extrema. Lo opuesto, la falta de retroalimentación o retroalimentación negativa, causa frustración y sufrimiento. De la búsqueda de la plena satisfacción surgen doctrinas como el hedonismo, ya sea cirenaico (búsqueda del propio placer, donde el fin justifica los medios) o epicúreo (el placer sólo puede alcanzarse a través de la razón).

Una vez visto el concepto, llegamos a la conclusión de que la búsqueda del placer es en nuestros días lo que impera para satisfacernos, aunque ya viene de antiguo. Un placer que no sólo es el sexual como en muchos casos se afirma, aunque sea uno entre tantos. Placer sexual que muchos terminan convirtiendo en obsesión y desencadenante de una mayor frustración, cuando es un acto sistemático que busca el fin y no los medios; o que podemos tratar como un mero compartir, el sentir por unos minutos la fusión con otro ser humano que también adolece de las mismas frustraciones y deseos, y finalmente conseguir una retroalimentación.

También buscamos la satisfacción laboral, la satisfacción social, etc. Para muchos, la satisfacción se encuentra en una familia, en un gran puesto, en una pareja, en deslizar pequeñas y redondas piedrecitas recién cogidas de los albores del río besadas por el rocío de la mañana… Pero todo esto son satisfacciones puntuales, pequeñas, mundanas.

¿Dónde está, pues. el secreto? Alguien hace poco me dijo que disfrutase del proceso. Un proceso que puede ser kafkiano, que en la senda de nuestra vida puede avocarnos al sufrimiento, a la dialéctica contínua, pero que finalmente tenemos que cruzar. Como si fuese nuestra propia laguna Estigia. Un proceso que en la vida puede suponernos altos y bajos, satisfacciones y apetencias, dichas y desdichas, pero que no tenemos otro remedio más que cruzarlo y hacerlo de la manera más plena posible. Sin grandes esperas, pues cuanto más altas son las metas, mayor la frustración. Pero siempre con pequeños retos, cuya consecución nos hace crecer. Bienvenidos al progreso mediante nuestro propio proceso. El camino es la vida.

Manifiesto

June 29, 2010

Apelamos a la incontrolable musa de la desidia, de la resignación, del conformismo. Tres monstruos que habitan dentro de nosotros y que nos consumen.

Y mientras tanto ¿qué? Nada. Mientras tanto no hay nada, sólo vacío y desesperación. La desesperación de sobrevivir impasibles ante el consumo de nuestra propia existencia.

Los monstruos nos acechan, los medios de comunicación emboban nuestra alma, nos sumen en un avatar siniestro que vaga sin rumbo fijo, ni siquiera con una dirección aproximada.

Y mientras tanto, ¿qué? Poco. Mientras tanto nuestras mentes sin vida son conducidas en una estela fantasmal hacia la satisfacción de nuestras más bajas pasiones. O cómo no pensar si se puede sentir algo inmediato, placentero, fugaz. Y de esta forma los tres monstruos se nutren desde lo más hondo de nuestro ser. Satisfaciendo nuestros alardes consumistas para no caer en la espiral depresiva. Nuestros deseos sexuales para no sentir la miseria de la vida. Nuestros deseos de posesión, tanto material como del ser amado. Alimentando al mayor monstruo que cohabita con los tres anteriores: el Ego.

Y finalmente, ¿qué? Mucho. Mientras tanto el monstruo del Ego ha de ser alimentado con asiduidad. Es una fiera insaciable, que busca ser satisfecha para encontrar nuestro equilibrio. Un hambre atroz de reconocimiento, de logros, de éxitos. Éxitos fútiles, logros volátiles. Reconocimientos mediocres. Vidas precongeladas. Muertes anunciadas. Luchas insostenibles. Y una vez más, nuestros monstruos ni siquiera responden. Nos vampirizan.

Where the wild things are

February 18, 2010

Based on the homonym children’s picture book, written by the american writer Maurice Sendak, Where the wild things are its a kind of sociological study of the assumption of the lidership in a group.

It’s difficult to be a new one into a group, so it is harder to be The King in the group you’re adapting to. Max, the child who is been dressed up with a wolf costume, tried to adapt himself into the wild bunch. A bunch who is integrated by some kind of big jackass creatures designed by the great Jim Henson.

However, the approach is magnificent, but the resolution doesn’t fulfill us. There is a beginning with interesting brushstrokes, but it doesn`t led into a good resolution. What a pity. What a pity because the film has all the ingredients to be a good one: good music, cut, plot, script.. Above all, the idea of the social acceptation into a group is the leitmotiv of the intrigue. Max became a self-invested king and reigned correctly in an anarchy. And, at the end, the anarchy turned against him. Maybe the power insn’t a question of title. Is a question of action and results.

Sophie

December 1, 2009

Bajo una montaña de escombros y una torre de humo vemos a una niña de unos 12 años, ojos color marrón avellana, grandes y expresivos y unas piernas delgadas pero a la vez fibrosas, las cuales asoman a través de la desvencijada falda cuyo vuelo se ha convertido en un cinturón de cenizas. Su semblante no cambia de expresión, su mirada y boca están rígidos. Está pálida como la nieve. Nunca volverá a correr por el jardín.

Ella es nuestra Sophie, la protagonista de nuestra historia. Aquella niña que en un tiempo corría feliz por los jardines de su palacio y que ahora descansa su cuerpo inerte bajo ceniza y escombros. Y del cómo llegó a este punto trata nuestra historia.

Laura

December 1, 2009

Una mujer, vestida con un traje de chaqueta negro y tacones también negros, está de pie en medio de un precioso jardín. Tiene la mirada perdida, como embebida en medio de una triste conversación. Un apuesto hombre le mira cariñosamente desde detrás.  Cabizbaja, comienza su discurso.

LAURA

(De sus ojos vemos que empiezan a brotar unas tímidas lágrimas)

Mario, querido, creo que ya estoy preparada para dejarte. Nos conocimos cuando éramos muy jóvenes, y nunca debí permitir que te fueras solo el día de nuestro aniversario… Pero, ¿por qué te olvidaste? Sé que éramos muy jóvenes, pero eso no cambia las cosas. Yo te quería como a nadie en el mundo, y me lo pagaste así. ¿Por qué?

(Ya no puede contener su llanto. Se derrumba. De rodillas, en el suelo, comienza a llorar)

LAURA

(Entre sollozos)

Teníamos quince años… ¿Por qué te fuiste así, sin más, sin pensar en mí, y sin pensar en todas las personas que te amábamos? Claro, preferiste ir a ver el partido de fútbol del Mundial… Desde aquello, odio todo lo que tenga que ver con el fútbol… Maldito Mundial, maldita mascota naranja, maldito fútbol, malditos aficionados, ¡maldita sea!… Ya no quiero seguir lamentándome más por lo que sucedió. Cariño, he encontrado a alguien que creo que puede hacerme feliz, y quería que fueras el primero en enterarte. Siempre te querré. Adiós.

Laura está arrodillada frente a una tumba. Besa su nívea y delgada mano y la deposita suavemente sobre la lápida. En ella se puede ver la inscripción.

Mario Fuertes (1967-1982)

Por un momento titubea, pero el hombre que está detrás de ella le ayuda a incorporarse. Se levanta, y abraza al hombre. Comienzan a caminar, y se les pierde de vista en el sendero del cementerio. Sola queda la tumba de Mario, y en el horizonte la pareja desaparece.

Antártida

November 26, 2009

Desde que el mundo es mundo,

desde que la vida de los otros se muestra como nuestra,

vivimos en un continuo devenir.

S

SEC. 1. SUBMARINO NUCLEAR K-125. INT DÍA.

El comandante Jim Calvert está junto a sus hombres intentando distraer su atención con un libro: La Terre Creuse, de Raymond Bernard. Después de hojear su libro por un momento, se dirige a su tripulación.

CALVERT

El tiempo estimado de nuestro viaje se había proyectado en 10 horas aproximadamente, ¿no es verdad? Apunte, suboficial, nuestra situación exacta está entre el paralelo 26° de latitud Norte y meridiano 106° de longitud Oeste. Acabamos de dejar atrás el istmo de Tehuantepec. No es una mala media: 45 nudos. Pero creo que, a pesar de ello, creo que ya deberíamos haber llegado a la Antártida… ¿Creéis que podríamos estar sumidos en el Triángulo?

PRIMER OFICIAL

Comandante, creo que debería dejar de creer en esas absurdas leyendas…

CALVERT

No son leyendas, hijo mío. Deberías tener un poco más de respeto por ciertas cosas. ¿Por qué no va a poder ser posible que la Tierra sea como un buñuelo, totalmente repleto de inmensas cavernas tan vastas como nuestras regiones y países, en comunicación entre sí, por medio de gigantescos túneles? ¿Por qué el Triángulo de las Bermudas no puede ser uno de sus accesos?

PRIMER OFICIAL

Comandante, en problemas de fe no deberíamos meternos… Me parece bien que usted tenga sus creencias, pero recuerde que nuestra misión es mucho más seria que todas sus leyendas baratas. Creo que deberíamos centrarnos en el estudio de las condiciones del mar y dejar de escuchar las supersticiones del capitán, ¿no creéis?

DIRECTOR DE LA INVESTIGACIÓN

Yo opino lo mismo que el oficial Anderson. No creo que sea relevante en este momento lo que el comandante quiere vendernos. Si no fuera por su experiencia submarina…

CALVERT

(Enfadado)

Si no fuera por mi experiencia, ¿qué?

De repente, la confusión reina en el interior del submarino. Las luces comienzan a parpadear y un temblor agita el casco del submarino denotando que una tragedia va a suceder. La tripulación poco a poco cae al suelo, y todos comienzan a cubrirse sus cabezas para evitar que los objetos que se desprenden caigan sobre ellas.  De repente, todo vuelve a la normalidad. La tripulación del K-125 respira aliviada, y todos comienzan a levantarse del suelo. Las luces ya funcionan con aparente normalidad.

ANDERSON

Joder, esto sí que ha sido un susto, ¿eh?

(Mira a su alrededor y respira aliviado. Se incorpora desde el suelo del submarino, y mira hacia su comandante. Lo que ve en él le hace sobrecogerse de terror.)

ANDERSON

(Tartamudeando)

¡Co-man-dan-te…!

COMANDANTE

(Sin inmutarse, sigue restaurando los controles del K-125)

A ver, ¿qué te ocurre ahora?

ANDERSON

(Horrorizado)

¡Comandante, tóquese su mandíbula! ¡Tiene una barba mucho más larga que antes!

COMANDANTE

(Sigue con su vista en los controles)

Vamos a ver, Anderson. ¿Te vas  a volver loco a estas alturas?

(Gira su vista hacia el oficial Anderson. No puede creer lo que está viendo. Anderson tiene una barba mucho más larga que la que tenía antes del accidente. No da crédito a lo que ve. Empieza a mirar alrededor, y se da cuenta de que todos los tripulantes poseen la misma barba de un mes que hacía media hora no tenían.)