Grief. Chaos. Catharsis.

August 31, 2009

Antichrist, Lars Von Trier.

Antichrist, Lars Von Trier.

La naturaleza del amor emana de entre las entrañas de la naturaleza humana. Pero a veces el amor linda con la obsesión más denigrante y repulsiva. Y se convierte en adicción.

Anticristo, de Lars Von Trier, el denominado adalid del cine “dogma” (quién, parafraseando a cierto profesor, “inventó el cine dogma para cargárselo”), lejos de ser una película de terror o relacionada con la metafísica, casa perfectamente con la nomenclatura de thriller psicológico e incluso psiquiátrico.

Volvamos al tema del amor y su naturaleza. Anticristo muestra el amor como sensación amarga que roza lo inhóspito, lo cruel, lo repugnante. Un amor obsesivo,  que quiere una exclusividad límite: prefiere sentir el dolor de la persona amada, incluso físico, a su voluntaria desaparición. Incluso su arrepentimiento se alivia con su propio dolor, rozando el masoquismo. Este es el germen del maltrato de género, ya sea hacia la mujer o hacia el hombre (tal y como se muestra en la película).

De la naturaleza del amor a su psicología más profunda. O cómo realizar las mayores aberraciones para solventar las propias inseguridades soliviantando al ser amado, proyectando sus frustraciones hacia él. Dafoe realiza una interpretación taimada, serena, acorde con la intención de su personaje. Sufre en silencio todo tipo de aberraciones realizadas por su amada, sencillamente porque le ama. Peligrosa adicción. Le permite pensar con claridad, pero no le permite actuar en consecuencia. Y sufre. Y el sufrimiento no es amor. Es adicción. Obsesión. Muerte.

Todos sentimos esa obsesión. Tener en exclusiva lo que más queremos. Ejemplo de ello es la protagonista cuando pierde a su hijo. No puede existir un dolor mayor que perder una parte de tí. Quizá sí: ser cómplice de ello. O cómo el sexo puede ser un acto que genera vida y muerte al mismo tiempo. Otra obsesión: la del placer. Un placer que, si roza la obsesión se convierte en dolor. Muerte.

La obsesión de conseguir la exclusividad, como dirían nuestros amigos anglosajones “Whatever it takes”, asusta. De tal manera como la película, de principio a fin, nos sume en nuestros miedos más primitivos. La pulsión que lleva a la protagonista a rodearse de muerte y desesperación. Sus sentimientos enajenados se le fueron de las manos. Y nadie estamos exentos. Sentir es vivir, pero las bajas pasiones pueden matarnos. Seguiremos el consejo aristotélico “en el medio está la virtud”. ¿Lo difícil? Encontrarlo. Alcanzar la catarsis, entendida como liberación o transformación interior suscitados por una experiencia vital profunda.