Sophie

December 1, 2009

Bajo una montaña de escombros y una torre de humo vemos a una niña de unos 12 años, ojos color marrón avellana, grandes y expresivos y unas piernas delgadas pero a la vez fibrosas, las cuales asoman a través de la desvencijada falda cuyo vuelo se ha convertido en un cinturón de cenizas. Su semblante no cambia de expresión, su mirada y boca están rígidos. Está pálida como la nieve. Nunca volverá a correr por el jardín.

Ella es nuestra Sophie, la protagonista de nuestra historia. Aquella niña que en un tiempo corría feliz por los jardines de su palacio y que ahora descansa su cuerpo inerte bajo ceniza y escombros. Y del cómo llegó a este punto trata nuestra historia.

Advertisements

Laura

December 1, 2009

Una mujer, vestida con un traje de chaqueta negro y tacones también negros, está de pie en medio de un precioso jardín. Tiene la mirada perdida, como embebida en medio de una triste conversación. Un apuesto hombre le mira cariñosamente desde detrás.  Cabizbaja, comienza su discurso.

LAURA

(De sus ojos vemos que empiezan a brotar unas tímidas lágrimas)

Mario, querido, creo que ya estoy preparada para dejarte. Nos conocimos cuando éramos muy jóvenes, y nunca debí permitir que te fueras solo el día de nuestro aniversario… Pero, ¿por qué te olvidaste? Sé que éramos muy jóvenes, pero eso no cambia las cosas. Yo te quería como a nadie en el mundo, y me lo pagaste así. ¿Por qué?

(Ya no puede contener su llanto. Se derrumba. De rodillas, en el suelo, comienza a llorar)

LAURA

(Entre sollozos)

Teníamos quince años… ¿Por qué te fuiste así, sin más, sin pensar en mí, y sin pensar en todas las personas que te amábamos? Claro, preferiste ir a ver el partido de fútbol del Mundial… Desde aquello, odio todo lo que tenga que ver con el fútbol… Maldito Mundial, maldita mascota naranja, maldito fútbol, malditos aficionados, ¡maldita sea!… Ya no quiero seguir lamentándome más por lo que sucedió. Cariño, he encontrado a alguien que creo que puede hacerme feliz, y quería que fueras el primero en enterarte. Siempre te querré. Adiós.

Laura está arrodillada frente a una tumba. Besa su nívea y delgada mano y la deposita suavemente sobre la lápida. En ella se puede ver la inscripción.

Mario Fuertes (1967-1982)

Por un momento titubea, pero el hombre que está detrás de ella le ayuda a incorporarse. Se levanta, y abraza al hombre. Comienzan a caminar, y se les pierde de vista en el sendero del cementerio. Sola queda la tumba de Mario, y en el horizonte la pareja desaparece.