Manifiesto

June 29, 2010

Apelamos a la incontrolable musa de la desidia, de la resignación, del conformismo. Tres monstruos que habitan dentro de nosotros y que nos consumen.

Y mientras tanto ¿qué? Nada. Mientras tanto no hay nada, sólo vacío y desesperación. La desesperación de sobrevivir impasibles ante el consumo de nuestra propia existencia.

Los monstruos nos acechan, los medios de comunicación emboban nuestra alma, nos sumen en un avatar siniestro que vaga sin rumbo fijo, ni siquiera con una dirección aproximada.

Y mientras tanto, ¿qué? Poco. Mientras tanto nuestras mentes sin vida son conducidas en una estela fantasmal hacia la satisfacción de nuestras más bajas pasiones. O cómo no pensar si se puede sentir algo inmediato, placentero, fugaz. Y de esta forma los tres monstruos se nutren desde lo más hondo de nuestro ser. Satisfaciendo nuestros alardes consumistas para no caer en la espiral depresiva. Nuestros deseos sexuales para no sentir la miseria de la vida. Nuestros deseos de posesión, tanto material como del ser amado. Alimentando al mayor monstruo que cohabita con los tres anteriores: el Ego.

Y finalmente, ¿qué? Mucho. Mientras tanto el monstruo del Ego ha de ser alimentado con asiduidad. Es una fiera insaciable, que busca ser satisfecha para encontrar nuestro equilibrio. Un hambre atroz de reconocimiento, de logros, de éxitos. Éxitos fútiles, logros volátiles. Reconocimientos mediocres. Vidas precongeladas. Muertes anunciadas. Luchas insostenibles. Y una vez más, nuestros monstruos ni siquiera responden. Nos vampirizan.