¿Está usted plenamente satisfecho?

September 26, 2010

Hoy asistí a una pequeña muestra de actores amateur, en Nudo Teatro, una sala de teatro en la castiza Calle la Palma, rodeada de los más conocidos bares de la marcha madrileña. Mi indecencia al llegar un cuarto de hora tarde me impidió quedarme con el título de la obra, pero mi decencia sí con la esencia.

(I can´t get no) Satisfaction. Resuena una y otra vez en los cambios que resultan ser hilos conectores entre una escena y otra. Satisfacción, esa gran desconocida. Esa a la que, como seres humanos, nunca podremos llegar. Al menos a la satisfacción absoluta. Quién diga que sí, miente.

Uno de los actores apela directamente al público: “¿Está usted plenamente satisfecho con su vida? Él responde: “Sí, plenamente”, en una aseveración que parece no titubear ni por un segundo. Miente. Descabelladamente.

Recordemos el concepto de satisfacción. Además del término mercadotécnico, nosotros intentamos encontrar la satisfacción humana, basada en aquel estado de la mente adquirido por la retroalimentación positiva extrema, es decir, donde las diferentes regiones de la mente compensan su potencial energético, llegando a la sensación de plenitud e inapetencia extrema. Lo opuesto, la falta de retroalimentación o retroalimentación negativa, causa frustración y sufrimiento. De la búsqueda de la plena satisfacción surgen doctrinas como el hedonismo, ya sea cirenaico (búsqueda del propio placer, donde el fin justifica los medios) o epicúreo (el placer sólo puede alcanzarse a través de la razón).

Una vez visto el concepto, llegamos a la conclusión de que la búsqueda del placer es en nuestros días lo que impera para satisfacernos, aunque ya viene de antiguo. Un placer que no sólo es el sexual como en muchos casos se afirma, aunque sea uno entre tantos. Placer sexual que muchos terminan convirtiendo en obsesión y desencadenante de una mayor frustración, cuando es un acto sistemático que busca el fin y no los medios; o que podemos tratar como un mero compartir, el sentir por unos minutos la fusión con otro ser humano que también adolece de las mismas frustraciones y deseos, y finalmente conseguir una retroalimentación.

También buscamos la satisfacción laboral, la satisfacción social, etc. Para muchos, la satisfacción se encuentra en una familia, en un gran puesto, en una pareja, en deslizar pequeñas y redondas piedrecitas recién cogidas de los albores del río besadas por el rocío de la mañana… Pero todo esto son satisfacciones puntuales, pequeñas, mundanas.

¿Dónde está, pues. el secreto? Alguien hace poco me dijo que disfrutase del proceso. Un proceso que puede ser kafkiano, que en la senda de nuestra vida puede avocarnos al sufrimiento, a la dialéctica contínua, pero que finalmente tenemos que cruzar. Como si fuese nuestra propia laguna Estigia. Un proceso que en la vida puede suponernos altos y bajos, satisfacciones y apetencias, dichas y desdichas, pero que no tenemos otro remedio más que cruzarlo y hacerlo de la manera más plena posible. Sin grandes esperas, pues cuanto más altas son las metas, mayor la frustración. Pero siempre con pequeños retos, cuya consecución nos hace crecer. Bienvenidos al progreso mediante nuestro propio proceso. El camino es la vida.

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