La precariedad de la producción cinematográfica española es la falta de una industria sólida, a la sazón de otras cinematografías mundiales, que no desarrolla una actividad continuada, sino que es una especie de casino en el que todos juegan y ganan siempre los que más apuestan, luchando siempre por filmes aislados, buscado financiación para ese proyecto en concreto. Hay productoras que se abren para un proyecto y nunca vuelven a hacer nada. Esa focalización de fuerzas en un único proyecto les impide realizar un buen plan de comercialización, que era lo que antes hablábamos como necesario y básico para el mantenimiento de la industria cinematográfica.

Por supuesto, en este país, el amplio activo de empresas dedicadas a la producción cinematográfica no quiere hacerse cargo del problema, sino que se lavan las manos acusando a las distribuidoras multinacionales de acotar la cuota de mercado nacional en pos de la internacional. Es un acusación fácil, para no ver los problemas de raíz, como ya apuntaba el consejero delegado de la distribuidora Lauren Films, Antonio Llorens: “Y es que los productores españoles, cuando tienen una buena película, la ponen directamente en manos de las distribuidoras multinacionales de Estados Unidos”1. La propuesta es, por tanto, construir un entramado productivo y de distribución autóctono que responda a los intereses de la cinematografía española y del potencial público español. Incluso debería atenderse a la exhibición, que ya últimamente está también en manos de multinacionales que exhiben películas españolas, que se ven en la obligación de exhibirlas por el programa MEDIA y otras medidas tomadas. Se debería reflexionar sobre ello y, sobre todo, crear una verdadera industria que cree productos potencialmente fuertes y con una comercialización que se haga eco en toda la superficie del terreno español.

1 García, Ernesto (2000): “Entrevista con Antonio Llorens”, El Periódico del Festival de la 4ª Primavera Cinematográfica de Lorca, Lorca, p. 26.

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