Tokio erotic Monogatari

September 5, 2009

mapasonidostokio4Cuando algo tiene que ocurrir, lo hace de forma explosiva. Sin miramientos.

Más allá de las críticas anti-gafapasta de la pedantería intrínseca a nuestra compatriota Isabel Coixet, reflejaré en este post lo que, en mi humilde opinión, más me impactó de esta cinta.

La erótica femenina. Esa gran desconocida. Las mujeres, que también tienen impulsos y pulsiones primarias, miran esta obra de Coixet con avidez y curiosidad. No así como pueden mirar esos repulsivos y baratos filmes llamados “porno”.

Coixet sabe perfectamente, más allá de la elegancia de un montaje equiparable a un Won Kar Wai en sus primeros tiempos (aunque salvando las distancias culturales y técnicas, por supuesto), o del elemento kitsch de el Narrador Omnisciente sin nombre (erigido a la sazón de un soldado desconocido; ese personaje cuya profesión es hartamente interesante pero que nadie entiende el por qué de su existencia) cómo llegar a la fibra femenina. De una forma sutil, juguetona al principio, para dar paso a la liberación final de la pasión o clímax. Te atrapa sin enterarte por ejemplo, un Sergi López, que, aunque posea un físico harto desagradable a la vista, logra de alguna forma crear una abstracción mental para llevarte a la sensación propia, de forma totalmente empática.

Sensaciones difíciles de describir, pero que todo el mundo conocemos. Interesante es también la diferencia entre la érotica oriental y occidental: solamente tenemos que fijarnos en lo sugerente de Ryu (la protagonista),  y lo animal de David. Aunque la feminidad tenga un componente de sugerente, como la erótica oriental, también disfruta con lo animal. Y de ahí la química que surge entre ambos.

Y ¿por qué Coixet toca la fibra de la erótica femenina? Porque es una sensación que llega poco a poco, que nos deleita tanto física como mentalmente, que nos lleva a nuestro mayor grado de excitación, hasta que, una vez sumidos en ello, introduce las escenas más “subidas de tono”. No hace falta describirlas. Son sensaciones que nos penetran poco a poco, no de golpe ni de forma soez.

Así es como la fantasía femenina se desata: hoteles apersonales con diferentes tipos de habitación donde se pueden asumir todo tipo de roles sin ser vistos, besos con sabor a mochi de fresa (aunque a algún querido amigo mío  le parezca un acto soez, a mí me parece sublime mezclar dos placeres sensitivos a la vez), la sensación de tener que acabar con la vida de alguien y que ello derive en una sensación vital, no de arrancar la vida sino una energía pero de otro tipo. El hecho de que el rechazo se convierta en sacrificio vital por parte de la persona rechazada en pos de la vida del ser rechazador. Quizá exista mayor clímax que morir en brazos del ser amado? Ask Ryu instead.



Grief. Chaos. Catharsis.

August 31, 2009

Antichrist, Lars Von Trier.

Antichrist, Lars Von Trier.

La naturaleza del amor emana de entre las entrañas de la naturaleza humana. Pero a veces el amor linda con la obsesión más denigrante y repulsiva. Y se convierte en adicción.

Anticristo, de Lars Von Trier, el denominado adalid del cine “dogma” (quién, parafraseando a cierto profesor, “inventó el cine dogma para cargárselo”), lejos de ser una película de terror o relacionada con la metafísica, casa perfectamente con la nomenclatura de thriller psicológico e incluso psiquiátrico.

Volvamos al tema del amor y su naturaleza. Anticristo muestra el amor como sensación amarga que roza lo inhóspito, lo cruel, lo repugnante. Un amor obsesivo,  que quiere una exclusividad límite: prefiere sentir el dolor de la persona amada, incluso físico, a su voluntaria desaparición. Incluso su arrepentimiento se alivia con su propio dolor, rozando el masoquismo. Este es el germen del maltrato de género, ya sea hacia la mujer o hacia el hombre (tal y como se muestra en la película).

De la naturaleza del amor a su psicología más profunda. O cómo realizar las mayores aberraciones para solventar las propias inseguridades soliviantando al ser amado, proyectando sus frustraciones hacia él. Dafoe realiza una interpretación taimada, serena, acorde con la intención de su personaje. Sufre en silencio todo tipo de aberraciones realizadas por su amada, sencillamente porque le ama. Peligrosa adicción. Le permite pensar con claridad, pero no le permite actuar en consecuencia. Y sufre. Y el sufrimiento no es amor. Es adicción. Obsesión. Muerte.

Todos sentimos esa obsesión. Tener en exclusiva lo que más queremos. Ejemplo de ello es la protagonista cuando pierde a su hijo. No puede existir un dolor mayor que perder una parte de tí. Quizá sí: ser cómplice de ello. O cómo el sexo puede ser un acto que genera vida y muerte al mismo tiempo. Otra obsesión: la del placer. Un placer que, si roza la obsesión se convierte en dolor. Muerte.

La obsesión de conseguir la exclusividad, como dirían nuestros amigos anglosajones “Whatever it takes”, asusta. De tal manera como la película, de principio a fin, nos sume en nuestros miedos más primitivos. La pulsión que lleva a la protagonista a rodearse de muerte y desesperación. Sus sentimientos enajenados se le fueron de las manos. Y nadie estamos exentos. Sentir es vivir, pero las bajas pasiones pueden matarnos. Seguiremos el consejo aristotélico “en el medio está la virtud”. ¿Lo difícil? Encontrarlo. Alcanzar la catarsis, entendida como liberación o transformación interior suscitados por una experiencia vital profunda.