Whatever it worked

October 4, 2009

Bittersweet couple

Maybe I’m not the impressionable young girl that I used to be and I’m not going to have a crush on Woody Allen anymore. It was awesome whatever it worked.

Maybe he did’t realized yet that his creative skills are over now, and he’s overestimating his job, his career and, above all, his latest films. this is the case of Whatever it works. Let me explain myself about that issue.

Cliché. The favourite Allen’s word on every film.  He is always demonizing the idea of being a cliché, such a representative person of a community. But he’s always in a metalinguistic absurd idea of being a cliché, because he is always making clichés on his characters. Maybe he is living in a continous paradox.

Cliché A: The “north-american dumb blonde”. South-Northamerican, Republican, ultra-catholic, becomes infatuated easily, silly… The role is played by Evan Rachel Wood (as far as I concern, brilliantly), and she is the one that is under the influence of the “basic” needs and passions. She really does’nt think about the consecuences of her acts. She only wants to escape from her parents home and guide her own life. She has a lot of hope in love, life and human being.

Cliché B: The intellectual unbearable man. Lives in New York, Communist, Hypochondriac, Atheist, Depressive, Extremely intelligent… The role is played by Larry David (correctly). He’s the stereotype of a clever man, who is always thinking about philosophical theories and every possibility of being infected by an illness, hates living and human passions. Making love, for example, is useless for him. We remember an spanish artist, Salvador Dalí, that writes exactly the same. This is just a problem of self-confidence:

«Sufría entonces dos obsesiones que me paralizaban. Un miedo pánico a las enfermedades venéreas. Mi padre me había inculcado el horror al microbio. Esa angustia no me ha abandonado jamás, e incluso ha llegado a provocarme estados de demencia.

Pero, sobre todo, experimenté durante mucho tiempo la gran turbación de creerme impotente. Desnudo y comparándome a mis camaradas, descubrí que mi sexo era pequeño, triste y blando. Recuerdo una novela pornográfica donde el don Juan de turno ametrallaba los vientres con una alegría feroz, diciendo que le gustaba oír a las mujeres crujir como una sandía. Yo estaba convencido de que jamás podría hacer crujir así a una mujer. Y esta debilidad me roía. Disimulaba esta anomalía, pero a menudo era presa de unas crisis de risa incontenibles, hasta la histeria, que era como la prueba de las inquietudes que me agitaban profundamente»

To sum up with this two stereotypes, we can affirm that in our daily life we could fell like “A” or “B”. Depends on the day, our fellings.. Sometimes we love life, its pros and cons, we put all our hopes blindly in something or somebody. Sometimes we hate life, have self-pityness, be in constant doubt and sorrow… And even sex is a dirty and under-intellectual act, as it is for the character of Larry Allen.
But human being always want to be hopeful. Maybe we could fail. Maybe nothing is forever. Our life, for example, is not forever. The ephemeral sense of life is a shadow that emerges from our current life. But without hope, we are nothing. Its so easy to live in a bubble, where nobody could hurt you.
This is the case of Woody Allen. He is always felling sorry for himself. Poor boy. But he is not able to love anyone but himself. And, paradoxically, he want to explain that in a constant self-defence like “religion is bullshit” or “love is rubbish” Maybe he is as weak that he is always giving excuses avoiding being hurt. But life is this: if you don’t take risks, you’re not able to win. And you ‘ve got the freedom to choose your way of life: you are free to feel whatever you want. Even a “progressist” and “communist” cinema director always tells you what is the best “intellectual” bahaviour. Maybe the best one could be stop making the same movie again ang again and accept that your creativity is gone. Assume your limits by oneself is the golden rule of not being frustrated.





Tokio erotic Monogatari

September 5, 2009

mapasonidostokio4Cuando algo tiene que ocurrir, lo hace de forma explosiva. Sin miramientos.

Más allá de las críticas anti-gafapasta de la pedantería intrínseca a nuestra compatriota Isabel Coixet, reflejaré en este post lo que, en mi humilde opinión, más me impactó de esta cinta.

La erótica femenina. Esa gran desconocida. Las mujeres, que también tienen impulsos y pulsiones primarias, miran esta obra de Coixet con avidez y curiosidad. No así como pueden mirar esos repulsivos y baratos filmes llamados “porno”.

Coixet sabe perfectamente, más allá de la elegancia de un montaje equiparable a un Won Kar Wai en sus primeros tiempos (aunque salvando las distancias culturales y técnicas, por supuesto), o del elemento kitsch de el Narrador Omnisciente sin nombre (erigido a la sazón de un soldado desconocido; ese personaje cuya profesión es hartamente interesante pero que nadie entiende el por qué de su existencia) cómo llegar a la fibra femenina. De una forma sutil, juguetona al principio, para dar paso a la liberación final de la pasión o clímax. Te atrapa sin enterarte por ejemplo, un Sergi López, que, aunque posea un físico harto desagradable a la vista, logra de alguna forma crear una abstracción mental para llevarte a la sensación propia, de forma totalmente empática.

Sensaciones difíciles de describir, pero que todo el mundo conocemos. Interesante es también la diferencia entre la érotica oriental y occidental: solamente tenemos que fijarnos en lo sugerente de Ryu (la protagonista),  y lo animal de David. Aunque la feminidad tenga un componente de sugerente, como la erótica oriental, también disfruta con lo animal. Y de ahí la química que surge entre ambos.

Y ¿por qué Coixet toca la fibra de la erótica femenina? Porque es una sensación que llega poco a poco, que nos deleita tanto física como mentalmente, que nos lleva a nuestro mayor grado de excitación, hasta que, una vez sumidos en ello, introduce las escenas más “subidas de tono”. No hace falta describirlas. Son sensaciones que nos penetran poco a poco, no de golpe ni de forma soez.

Así es como la fantasía femenina se desata: hoteles apersonales con diferentes tipos de habitación donde se pueden asumir todo tipo de roles sin ser vistos, besos con sabor a mochi de fresa (aunque a algún querido amigo mío  le parezca un acto soez, a mí me parece sublime mezclar dos placeres sensitivos a la vez), la sensación de tener que acabar con la vida de alguien y que ello derive en una sensación vital, no de arrancar la vida sino una energía pero de otro tipo. El hecho de que el rechazo se convierta en sacrificio vital por parte de la persona rechazada en pos de la vida del ser rechazador. Quizá exista mayor clímax que morir en brazos del ser amado? Ask Ryu instead.



Grief. Chaos. Catharsis.

August 31, 2009

Antichrist, Lars Von Trier.

Antichrist, Lars Von Trier.

La naturaleza del amor emana de entre las entrañas de la naturaleza humana. Pero a veces el amor linda con la obsesión más denigrante y repulsiva. Y se convierte en adicción.

Anticristo, de Lars Von Trier, el denominado adalid del cine “dogma” (quién, parafraseando a cierto profesor, “inventó el cine dogma para cargárselo”), lejos de ser una película de terror o relacionada con la metafísica, casa perfectamente con la nomenclatura de thriller psicológico e incluso psiquiátrico.

Volvamos al tema del amor y su naturaleza. Anticristo muestra el amor como sensación amarga que roza lo inhóspito, lo cruel, lo repugnante. Un amor obsesivo,  que quiere una exclusividad límite: prefiere sentir el dolor de la persona amada, incluso físico, a su voluntaria desaparición. Incluso su arrepentimiento se alivia con su propio dolor, rozando el masoquismo. Este es el germen del maltrato de género, ya sea hacia la mujer o hacia el hombre (tal y como se muestra en la película).

De la naturaleza del amor a su psicología más profunda. O cómo realizar las mayores aberraciones para solventar las propias inseguridades soliviantando al ser amado, proyectando sus frustraciones hacia él. Dafoe realiza una interpretación taimada, serena, acorde con la intención de su personaje. Sufre en silencio todo tipo de aberraciones realizadas por su amada, sencillamente porque le ama. Peligrosa adicción. Le permite pensar con claridad, pero no le permite actuar en consecuencia. Y sufre. Y el sufrimiento no es amor. Es adicción. Obsesión. Muerte.

Todos sentimos esa obsesión. Tener en exclusiva lo que más queremos. Ejemplo de ello es la protagonista cuando pierde a su hijo. No puede existir un dolor mayor que perder una parte de tí. Quizá sí: ser cómplice de ello. O cómo el sexo puede ser un acto que genera vida y muerte al mismo tiempo. Otra obsesión: la del placer. Un placer que, si roza la obsesión se convierte en dolor. Muerte.

La obsesión de conseguir la exclusividad, como dirían nuestros amigos anglosajones “Whatever it takes”, asusta. De tal manera como la película, de principio a fin, nos sume en nuestros miedos más primitivos. La pulsión que lleva a la protagonista a rodearse de muerte y desesperación. Sus sentimientos enajenados se le fueron de las manos. Y nadie estamos exentos. Sentir es vivir, pero las bajas pasiones pueden matarnos. Seguiremos el consejo aristotélico “en el medio está la virtud”. ¿Lo difícil? Encontrarlo. Alcanzar la catarsis, entendida como liberación o transformación interior suscitados por una experiencia vital profunda.